Representación de mujeres y jóvenes en los Parlamentos de la región*

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Bárbara Ester, Javier Calderón Castillo**

De acuerdo a las últimas proyecciones de población de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de 2016, la población total de América Latina supera los 600 millones, de los cuales unos 160 millones son jóvenes de entre 15 y 29 años de edad, nada menos que un 26% de la población[1]. El documento también desagrega su composición por género, indicando que hacia mediados de 2014 vivían en la región 612 millones de personas, de los que 310 millones eran mujeres y 302 millones, hombres.

En consonancia con los datos demográficos, el conocimiento del número efectivo de jóvenes y mujeres que acceden a espacios formales de representación política, como los Parlamentos, se vuelve un indicador relevante para calcular la representación por franja etaria y género. A partir de dicho relevamiento, se puede indagar acerca de las dificultades y desafíos que podrían estar impidiendo a jóvenes y mujeres el acceso a los espacios políticos formales. Aunque no necesariamente asegure que los anhelos, demandas y expectativas de la juventud o las mujeres se traduzcan en iniciativas concretas o en una agenda pública que incluya estas temáticas, las cifras de la representación pueden dar lugar a conocer si hay una nueva tendencia en cuanto a la composición legislativa.

Argentina

En el caso de la composición por edad, el porcentaje de menores de 40 años es muy poco representativo, en parte por las prohibiciones de la Constitución para acceder al cargo: más de 25 años para los diputados y más de 30 para senadores. La Argentina cuenta con un sistema bicameral con una representación federal en el Senado (tres por cada una de las 23 provincias más la Ciudad Autónoma de Buenos Aires) y representantes por porcentaje de votos en la Cámara de Diputados, 257, aunque la actualización de esta cifra ha estado en discusión recientemente.

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En noviembre de 2017 fue sancionada la Ley de Paridad de Género, mediante la cual el Congreso estableció la obligatoriedad de que las listas estén compuestas en la misma proporción por varones y mujeres, superando la Ley de Cupo Femenino (Ley 24.012) que establecía que ambas Cámaras debían estar compuestas, al menos, en un 30% por mujeres. Conforme a los mecanismos de renovación de cada Cámara, la paridad recién se verá reflejada por completo en el año 2023 para el Senado y en 2021 para la Cámara Baja.

Actualmente, el 30% de la ley anterior se supera en ambas cámaras: 42% en el Senado y 39% en Diputados. Una paradoja sobre el sistema de representación femenina es que el proyecto de legalización del aborto discutido en el mes de agosto no logró los votos necesarios para su aprobación en el Senado, precisamente allí donde la representación femenina es levemente mayor.

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Bolivia

La Asamblea Legislativa Plurinacional de Bolivia es bicameral, con 130 curules en la Cámara de Diputados y 36 en el Senado. En el año 2014 el Gobierno boliviano impulsó una ley que cambió el requisito de edad para ser asambleísta, pasando de 30 a 18 años, lo que permitió el ingreso a la actividad electoral a importantes grupos de jóvenes. La iniciativa fue parte del proceso democrático del país, que antes del 2005 tenía a amplios sectores poblacionales segregados de la política, en especial a las comunidades originarias, los jóvenes y las mujeres.

El Senado de la Asamblea Legislativa Plurinacional de Bolivia está compuesto por 6 jóvenes integrantes del Movimiento al Socialismo (MAS) –un (1) varón y 5 mujeres menores de 40 años- representando el 17% del total de escaños. La Cámara de Diputados se compone de dos (2) mujeres menores de 30 años, 18 mujeres menores de 40 años (12 del MAS y 6 de la oposición), mientras que fueron elegidos 14 varones menores de 40 años (8 pertenecientes al MAS y los 6 restantes de la oposición). Eso quiere decir que de los 130 escaños de la Cámara Baja, el 26% son mujeres y varones menores de 40 años.

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Según la ONU, Bolivia es uno de los dos países en el mundo en lograr paridad de género en esta instancia de gobierno, a través de las leyes de género y de obligar que en la confección de las listas se utilice la idea de cremallera, donde siempre estarán intercaladas las posiciones entre hombres y mujeres que garantizan la elección paritaria[2]. Por lo tanto, en términos de inclusión con perspectiva de género, Bolivia también ha generado una nueva época.

Actualmente, el Senado está compuesto por 16 mujeres, 11 de la bancada del Movimiento al Socialismo y 5 de las bancadas de la Democracia Cristiana y la Unidad Democrática. Mientras que en la Cámara Baja fueron elegidas 71 mujeres y 59 hombres, sobrepasando el promedio de toda Latinoamérica, de las cuales 49 diputadas pertenecen a Movimiento al Socialismo.

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Brasil

Brasil cuenta con casi nueve millones de jóvenes —entre 16 y 19 años— que votarán por primera vez para elegir al próximo presidente, los 513 diputados y un tercio del Senado en el mes de octubre del 2018. Sin embargo, la juventud no se ve reflejada en la composición del actual Congreso. Actualmente, tan solo un senador tiene menos de 40 años, mientras en la Cámara Baja los jóvenes representan el 19%. El requisito constitucional para aspirar al Parlamento es de 35 años para senadores y 21 para diputado federal, estadual, distrital o prefecto.

Según la sexta edición del estudio Radiografía del Congreso[3], del Departamento Intersindical de Asesoría Parlamentaria, la 55° Cámara fue la más fragmentada en lo relativo a la cantidad de partidos, más liberal desde el punto de vista económico y más conservadora desde el punto de vista social, especialmente en lo referido a la defensa de los derechos humanos y temas ambientales. Un dato llamativo es que, en la Cámara de Diputados, buena parte tiene perfil conservador, con legisladores que defienden discursos llamados de “mano dura” -como la baja en la edad de imputabilidad de 18 a 16 años- las contrarias al matrimonio entre personas del mismo sexo, o a la legalización del aborto o la marihuana. La mayoría de los 198 diputados que conquistaron su primer mandato en octubre de 2014 son “millonarios o adinerados”, religiosos -especialmente evangélicos-, policías, animadores de programas televisivos populares, celebridades ajenas a la política y familiares de políticos, como el hijo de Jair Bolsonaro, Eduardo Bolsonaro[4]. De esta forma, el número de diputados que defienden a la clase trabajadora bajó de 83 a 50. Las fronteras entre la religión y la política no son claras o fijas, ellas extrapolan los campos; sin embargo su discurso fue sobrerrepresentado durante el impeachment[5].

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Al mismo tiempo, la proporción no refleja ni remotamente la composición de la población brasileña, que tiene una relación de 96 hombres por cada 100 mujeres, es decir, nada menos que cuatro millones más de mujeres. Del total de 513 diputados, 462 -el 90%- son hombres, y sólo 51 son mujeres.

Una ley de 1997 obliga a todas las agrupaciones políticas a que el 30% de sus candidatos sean mujeres y un proyecto de ley del Senado intentó aumentar ese cupo a un 50%; este proyecto fracasó junto a la destitución y la violencia simbólica ejercida sobre la primera presidenta mujer del país, Dilma Rousseff. En la Cámara Baja, solo uno de cada 10 curules son ocupadas por mujeres, de modo que si se toma en cuenta solo el Congreso, el país tiene uno de los porcentajes de mujeres -en relación a varones- más bajos del mundo. Además de que la representación de las mujeres es ínfima y desproporcionada, todavía está restringida a las familias que tienen alto poder adquisitivo o contactos políticos. La mitad de los ganadores en las elecciones parlamentarias de 2014 ya eran diputados, y de los diputados federales más votados en los 26 estados y el Distrito Federal, solo seis fueron mujeres, entre ellas tres ex primeras damas de sus respectivos estados[6].

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Chile

El proceso electoral de 2017 renovó la Cámara de Diputados y aumentó su composición de 120 a 155, consolidando a Chile como el país analizado con mayor representación joven. Una buena parte de los 41 diputados jóvenes adscriben a la derecha: 10 pertenecen al Partido Renovación Nacional (RN), 9 a la Unión Demócrata Independiente (UDI) y uno a la Democracia Cristiana (PDC).

Sin embargo, la joven izquierda afianza posiciones: Giorgio Jackson, líder del movimiento Revolución Democrática (PRD) logró sumar otros 10 parlamentarios. El Partido Comunista chileno tiene dos representantes, nada menos que Camila Vallejo y Karol Cariola, herederas del movimiento estudiantil de 2011. Mientras que Gabriel Boric, la principal figura de Izquierda Autónoma, expresa a los grupos radicales de los años noventa.

La gran brecha entre ambas Cámaras puede entenderse a la luz de los requisitos exigidos por la Constitución: haber cumplido los 21 años para el caso de diputados y 40 para el de senadores. Aún así, Juan Ignacio Latorre Riveros (PRD), con 40 años recién cumplidos, es el legislador más joven de la Cámara Alta. La contracara del proceso de gran participación joven en el Legislativo la constituyen los senadores Patricio Melero (UDI), José Miguel Ortiz (PDC) y René Manuel García (RN), quienes ostentan sus cargos desde 1990, cumpliendo, a la fecha, 28 años consecutivos en el Gobierno[7]

En cuanto a la composición del Congreso según género, en 2017 fue la primera elección parlamentaria con exigencia de cuotas (Ley Nº 20.840) que sustituye el sistema electoral binominal por uno de carácter proporcional inclusivo, y fortalece la representatividad del Parlamento. En la reforma de 2015 se incluyó un principio de equilibrio de género, estableciendo que en las listas de candidaturas a senadores y diputados ningún sexo podía superar el 60% de la totalidad de las candidaturas o menos del 40 por ciento de las mismas.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) presentó el informe Representación política de las mujeres en el Poder Legislativo, documento en el que describió que: “Chile se había mantenido fuera de la tendencia en América Latina de incorporar medidas de acción afirmativa a nivel político y, por lo mismo, se mantenía bajo los primeros mundiales y regionales de representación femenina, siendo uno de los países de la región con menor presencia en el Congreso”[8]. A la fecha, Chile no alcanza el 30% en ninguna de las dos Cámaras.

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Colombia

El Congreso de la República de Colombia dispone de 108 bancas en el Senado y 172 en la Cámara de Representantes. Entre los requisitos para ser electo se encuentran tener más de treinta años de edad en la fecha de la elección, en el caso del Senado y 25 años en el caso de la Cámara de Representantes, de acuerdo a los artículos 172 y 177 de la Constitución Política de Colombia. Ello implica que la actividad política de un segmento de la población entre 18 y 24 años resulta ser baja, porque de acuerdo a los datos demográficos existen más de 8,2 millones de jóvenes en ese rango etario.

En el Senado fueron elegidos 24 menores de 40 años, que representan el 22% de la corporación, la mayoría de los partidos tradicionales e hijos de ex senadores de la república que se jubilaron o están impedidos por la justicia para ser elegibles. En la Cámara de Representantes resultaron electos 50 representantes menores de 40 años, 6 mujeres y 44 varones, la mayoría de partidos o movimientos de los partidos tradicionales de derechas, con las mismas características hereditarias que en el Senado: grupos de familias mantienen su presencia en el Congreso delegando o trasladando las maquinarias políticas a sus hijos o hijas.

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Desde el 2011 entró en vigencia la Ley Estatutaria 1.475 de reglamentación del funcionamiento de los movimientos y partidos políticos, la cual regula la incorporación del 30% de mujeres en las listas para todos los cargos legislativos, nacionales o departamentales. Para las elecciones al Congreso realizadas en marzo de 2018, se presentaron 308 mujeres para disputar las 108 bancas del Senado, de las cuales 25 resultaron electas (dos escaños más que en 2014 y ocho más que en 2010). Para la Cámara de Representantes se postularon 637 mujeres para disputar 172 bancas, siendo elegidas solo 32 (una más que en 2014 y 12 más que en 2010).

Aunque la incorporación de mujeres viene in crescendo, la elección de mujeres se frustra por el sistema de votación que permite listas abiertas, por el que el electorado escoge su candidato o candidata preferida. En total 57 mujeres resultaron electas, es decir, el 20,3% del total de 280 congresistas, lo que no refleja la composición de las listas ni de la sociedad que en 2017 tenía una población femenina mayoritaria (con 24.925.492 mujeres, lo que supone el 50,8% del total, frente a los 24.140.123 varones que son el 49,2%).

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Ecuador

La Asamblea Legislativa del Ecuador es unicameral y está compuesta por 137 escaños. En Ecuador, la edad requerida para ser asambleísta es de 18 años, sin embargo, son muy pocos los jóvenes que resultan elegidos para esta instancia de Gobierno. Desde la reforma constitucional de Montecristi se pensó en la incorporación de amplios sectores del país excluidos por razón de edad, por las migraciones y por las condiciones sociales, especialmente para integrar a la importante población originaria.

En la actualidad, 28 asambleístas tienen menos de 40 años, 12 mujeres y 16 varones, en su mayoría militantes de Alianza País y de los que se consideran en la actualidad independientes debido a que renunciaron a dicha formación política por diferencias con el actual presidente de la República. Resulta particular ese dato, en cuanto indica que el proceso de cambio iniciado en 2007 incorporó a varios grupos poblacionales de jóvenes y mujeres, transformando el formato de la política en dicho país suramericano.

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El sistema de representación cuenta con una ley de paridad en la conformación de las listas que data de 1997 y que, paulatinamente, fue llegando a la obligatoriedad de la conformación de las listas 50% mujeres y 50% varones. Sin embargo, la conformación de las listas no obliga al sistema cremallera como en el caso de Bolivia y en la actualidad la institución legislativa está compuesta por 84 varones que representan el 61% y por 53 mujeres con el 39%.

En el 2013, por primera vez en la historia ecuatoriana, la directiva de la Asamblea estuvo compuesta exclusivamente por mujeres, teniendo como presidenta a Gabriela Rivadeneira (Alianza País) y vicepresidentas a Rossana Alvarado y Marcela Aguinaga, respectivamente. En la actualidad la presidenta es Elizabeth Cabezas y la primera vicepresidenta, Viviana Bergmann.

Perú

El caso peruano tiene una particularidad per se, ya que se trata de uno de los pocos países con una representación unicameral, producto de la Reforma Constitucional fujimorista de 1993. El actual presidente, Martín Vizcarra, ha propuesto realizar un plebiscito para –entre otras reformas institucionales- volver al tradicional sistema bicameral y compensar la representatividad legislativa que, hasta el momento, es el mayor obstáculo para la gobernabilidad.

En cuanto a la representación por edad, solo 23 de 130 congresistas son menores de 40 años (18%), con un umbral de 25 años de edad para acceder al cargo. Mientras, su composición según género es apenas más baja que el promedio regional (28,3%), con 36 parlamentarias en ejercicio. Si bien Perú cuenta con una cuota de género del 30%, no ha sido suficiente para garantizar una participación equitativa de la mujer, menos aún una representación fiel de la mitad de la población. Recientemente, el presidente del Concejo de Ministros, César Villanueva, anunció que enviará un proyecto de ley para que las listas de candidatos que postulen en los procesos de democracia interna reflejen equidad entre varones y mujeres. En ese contexto, el congresista Alberto Quintanilla, miembro de la bancada de Nuevo Perú, consideró que la medida debe explicitar que las candidaturas deben contar con un 50% de representación para ambos sexos[9].

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Uruguay

Actualmente, el Congreso uruguayo está compuesto por 99 diputados y 30 senadores. De los 30 representantes que componen la Cámara Alta ninguno es menor de 40 años; sin embargo, los más jóvenes son Luis Lacalle Pou y Verónica Alonso, ambos con 41 años y miembros del Partido Nacional. La Constitución establece que es necesario contar con 25 años de edad para ser electo diputado y 30 para el caso de los senadores. A pesar de que los requisitos son más bajos que en otros países analizados, solo un 16% de menores de 40 años conforman la Cámara Baja.

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En cuanto a la composición del Parlamento según género, en 2017 ambas Cámaras aprobaron una ley que amplía las cuotas ensayadas en 2009, por la cual en los comicios de 2014 todos los partidos incluyeron una mujer cada tres lugares en todas las listas a cargos electivos, tanto en el Poder Legislativo como en los órganos partidarios. Esta norma hizo posible que actualmente el Senado esté compuesto por 9 senadoras sobre un total de 30 representantes (30%), mientras que en Cámara de Diputados las bancadas ocupadas por mujeres alcancen el 22% (22 de 99).

A partir de la reforma de 2017, en todas las instancias en que se deba elegir representantes políticos se asegurarán uno o dos lugares para las mujeres u hombres cada tres que formen la lista, lo que obligará a que, en las elecciones internas de los partidos, en las elecciones nacionales para cargos en el Parlamento, en las elecciones de gobernantes departamentales y de los municipios, las listas se armen de esa manera. Si bien la participación femenina no alcanza el 30% en ambas Cámaras, Uruguay tiene una notable composición de género ministerial con cinco mujeres presentes en el Gabinete de Tabaré Vázquez, compuesto por 14 ministros.

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A modo de conclusión

En la comparación entre los países analizados (Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Perú y Uruguay) puede llegarse a la conclusión de que los jóvenes están infra representados. Las preguntas subyacentes son, entonces, ¿por qué para los principales puestos de representación popular, como el de senador o presidente de la República, la edad de voto activo no es suficiente? ¿Cuán válido es en los tiempos modernos imponer un requisito de edad? ¿No es acaso antidemocrático o discriminatorio? ¿Cuál es su relación con la baja participación política juvenil? Actualmente, Uruguay ha cuestionado esta norma común a los Estados latinoamericanos por medio del diputado del Frente Amplio, Felipe Carballo, quien propuso un acuerdo nacional para tratar la baja de la edad mínima para ser candidato a senador, diputado o presidente a los 18 años, en el marco de la reforma constitucional. Sin embargo, esta norma no ha sido cuestionada en el resto de los países analizados.

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En cuanto a la representación por género, los países con leyes de paridad como Bolivia, Argentina y Ecuador logran una mayor equidad en la composición de género en sus Cámaras, ubicándose en los mejores puestos de la región. Si bien no es abordado en el análisis, México constituye un caso llamativo ya que, luego de las elecciones del pasado 1 de julio que implicaron una victoria histórica para los progresismos latinoamericanos por el éxito de López Obrador, también las mujeres alcanzaron un triunfo histórico en cuanto a la equidad en el Parlamento. Las mujeres serán mayoría en el Senado y tendrán solo ocho curules menos que los varones en la Cámara de Diputados.

El caso mexicano ejemplifica cabalmente que la alta presencia femenina en las elecciones de 2018 es el resultado de un trabajo de años, demanda que comenzó a concretarse en 1992 con la introducción de las cuotas de género (60-40) y evolucionó en 2014 a la paridad de género, introducida con la reforma constitucional político-electoral que obliga a los partidos a postular 50% de mujeres a candidaturas a diputaciones federales y senadurías. Sin duda, las elecciones de 2018 representan una victoria para las mujeres y los progresismos, por lo cual cada vez se tienden más puentes entre la igualdad en todas sus acepciones.

Las leyes de cupos que se han incluido en muchos países no son tan efectivas, tal como lo evidencian los ejemplos de Perú, Uruguay, Colombia y Brasil, dependiendo de la discrecionalidad de los partidos a la hora de su aplicación. En los casos analizados, los países que optan por este sistema obtienen porcentajes más bajos que el índice regional de representación total de legisladoras, actualmente del 28,3%.

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Los casos más extremos son Brasil, con un 11% de legisladoras nacionales, y Bolivia, cuya Cámara Baja es la única de la región con composición paritaria (55% de diputadas). Los datos son categóricos: los mejores resultados se corresponden con la vigencia de leyes de paridad con mecanismos de alternancia (como en el caso líder de Bolivia) y de cuotas con mandatos de posicionamiento, como ocurre en Argentina (y México)[10]. En cambio, los escenarios menos favorables, como el caso de Brasil, no permiten contrarrestar las desventajas de un sistema electoral adverso (Cámara de Diputados de Brasil). Esta evolución nada tiene que ver con los niveles de desarrollo nacionales, sino con avances democráticos que instalan la paridad, o al menos las cuotas, como ideal político y social.