Vienen a Oaxaca para trabajar y mantener a sus hermanos, son víctimas de explotación*

Alianza-oaxaca

Giovanna Martínez 

La situación de las mujeres indígenas que se desempeñan como empleadas domesticas en Oaxaca, es desconocida, ya que a nivel local no hay estudios, aseguró la defensora de los Derechos de las Mujeres Indígenas, Sofía Robles Hernández; lo que es evidente, dijo, es que muchas mujeres se ven obligadas a migrar debido a la falta de oportunidades en su lugar de origen.

En un recorrido realizado por Noticias Voz e Imagen, en el mercado 20 de Noviembre, se constató que empleadas originarias de diferentes comunidades de 16 a 42 años se emplean en los comedores.

Son meseras, cocineras, lavaplatos, realizan compras y se encargan del aseo de los locales; todo, por 150 pesos diarios, algunas apenas hablan español y evitan intercambiar información con las personas, su diálogo es únicamente con el patrón y con los clientes cuando les toca atenderlos.

Ayudar a la familia

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Cinco de siete jóvenes entrevistadas, coincidieron que el haber migrado de sus poblaciones no tiene otra explicación más que ayudar a su familia, la mayoría tiene arriba de cinco hermanos de menor edad.

Carina Morales de 18 años, originaria de Tuxtepec, lleva tres años viviendo en la ciudad de Oaxaca, ha laborado en restaurantes de la Central de Abastos y actualmente lleva 5 meses trabajando en el mercado 20 de Noviembre, domina la lengua chinanteca y renta un cuarto en 400 pesos en San Martín Mexicapam.

Para ella, el haber viajado de tan lejos le resultó difícil, pues tuvo que dejar a su padres y tres hermanos, “vengo a ganar dinero para ayudar a mi familia y continuar con mis estudios”, comenta. Carina concluyó la secundaria y actualmente acude a la preparatoria abierta, su sueño es convertirse en chef profesional.

Para la defensora Sofía Robles Hernández, el acceso a una fuente de trabajo para las mujeres indígenas en su comunidad es difícil, por lo que muchas de ellas migran a las ciudades más cercanas.

Madre soltera

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La defensora de los Derechos de las Mujeres Indígenas dijo que la migrantes de comunidades indígenas  viven discriminación, empezando por el trabajo mal remunerado y la falta de prestaciones; también son víctimas de la violencia sexual que ejercen patrones o sus hijos.

Carmela Ruiz, originaria de la localidad de San Jacinto Yaveloxi, en el municipio de Santiago Choápam, emigró de su localidad hace 15 años, cuando quedó viuda y con cuatro hijos; desesperada por no tener recursos para mantener a sus pequeños, decidió asentarse a la ciudad de Oaxaca.

Actualmente vive sola, sus hijos ya están casados y con estudios; asegura que no le alcanza el salario que percibe a pesar de trabajar doce horas al día.

A la edad de 53 años los “achaques” son constantes, pero no tiene seguro médico y su única oportunidad para atenderse es en las farmacias similares.

Desigualdad

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Para la investigadora Josefina Aranda Bezaury, las mujeres, además de sus tareas de género, se ven obligadas a realizar tareas extras, tales como: hacer y vender artesanías, emplearse como jornaleras, entre otras. Es decir, llevan a cabo una doble jornada.

Las mujeres indígenas, desde muy temprana edad, van aprendiendo a realizar una serie de labores específicas del ámbito doméstico, por ejemplo, todas se encargan de cuidar a sus hermanos y hermanas pequeñas, indicó.

Felipa Flores, María y Marcelina Francisco, de 23, 19 y 16 años respectivamente, son jóvenes que rentan un cuarto económico en las colonias populares, las tres hablan una lengua indígena y tienen truncados sus estudios.

Todas se desempeñan en diferentes áreas por un salario de 150 a 180 el día, dos de ellas tienen seis hermanos y al ser las mayores de la familia decidieron salir de sus comunidades y trabajar para ayudar a sus padres con los gastos de la casa.

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“Al principio fue difícil, no conocía a nadie, mi rutina es llegar a mi trabajo a las 10 de la mañana e irme a las 10 de la noche, ahorita ya se me quitó el miedo de caminar en estas calles, pues ya las conozco”, expresa Felipa.

De las tres, sólo una conserva su vestimenta, Marcelina, la menor de edad, ella apenas lleva tres semanas trabajando en la ciudad de Oaxaca, es tímida y no le gusta hablar, es originaria del municipio de Villa Sola de Vega, viste un traje típico de la región adornado con olanes.

Ellas poco a poco van cambiando su forma de vestir, la mayoría han optado por pantalón de mezclilla y blusas estampadas o lisas, aretes largos, maquillaje, incluso una que otra se ha teñido el cabello.

Cifras

En México, de acuerdo a la Encuesta Intercensal 2015, 46.9% de la población de 15 años y más hablante de lengua indígena es económicamente activa, es decir, desempeña alguna actividad laboral o busca trabajo.

De acuerdo al estudio las mujeres indígenas en México: un análisis desde la perspectiva de género, la vida cotidiana de las mujeres indígenas transcurre dentro de un entorno estricto que les impide circular con libertad, participar en los espacios públicos y decidir sobre su cuerpo; que las obliga a sostener a su familia a costa de su propia salud.

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Asegura que muchas de ellas han padecido graves humillaciones, que atentan contra la dignidad humana y en medio de este panorama tan desalentador, se están organizando, estén alzando la voz y comienzan a abrirse espacios de participación política, social y cultural desde una perspectiva más humana para ellas.

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