Niños Centroamericanos: Migrantes No Acompañados

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Melissa Gutiérrez Rodríguez 

*Artículo escrito en colaboración con Allán Osorio y Emilio Rodríguez.

México es un país de origen, destino y tránsito de migrantes, especialmente provenientes de Centroamérica. Dentro de la ola migratoria Centroamericana de los últimos años, el sector más vulnerable son los niños no acompañados. Se estima que en año el 2015 fueron detenidos casi 19.000 niños migrantes no acompañados en México, de los cuales solo 52 consiguieron protección internacional.

Más de 60.000 mil niños cruzan la frontera al año para reunirse con sus padres en un proceso de reunificación familiar y muchos de ellos terminan siendo deportados o careciendo del acceso a una vida civil o hasta salud. El 97% de los niños migrantes en 2015 provenía de Honduras (27.4%), Guatemala (49.6%) y El Salvador (20.5%). La mayoría de ellos eran adolescentes de entre 12 y 17 años (UNICEF)

Ante esta problemática, nos unimos a UNICEF diciendo que “antes que migrantes, los niños y niñas son personas con derechos que deben ser respetados”.

Niños buscando un hogar

Nuestro pensamiento está con todos esos jóvenes que como cualquier otro, tienen sueños, ideas, necesidades y temores, pero que están en una situación injusta de violencia y pobreza implacables en Centroamérica que no parece mejorar con los años. Hermanos salvadoreños, hondureños y guatemaltecos que no eligieron la crisis de la cual son víctimas, y que vistos entre la espada y la pared (en algunos casos, enfrentando la muerte), tuvieron que escapar en un camino tortuoso hacia Estados Unidos o México. Les tocó la cara mala de la moneda y nacieron en circunstancias nada favorables, por lo que la única opción para poder reconectar con su familia es atravesar fronteras sin nadie que les de la mano; completamente solos.

Hay tantos que ven sus familias divididas por fronteras. Hijos que lo único que conocen de sus progenitores son sus rostros detrás de la pantalla de una cámara web. Para esos niños y jóvenes, decir que su sueño es ir a “Estados Unidos” nace de un instinto natural; no tanto por el país, sino por ese hilo conector que les une a sus familias a pesar de las fronteras de distancia.

Como un bebé caminando hacia los brazos de sus padres, miles de niños y jóvenes han arriesgado sus vidas cruzando México ilegalmente buscando un reencuentro con sus familias, y soñando con mejores oportunidades de realizarse como personas y profesionales.

Estos niños están exentos de culpabilidad alguna y es la sociedad, el mundo entero, quien les debe una disculpa por la violencia e inestabilidad que les ha llevado a no crecer en un hogar digno y seguro al lado de sus padres. Son los gobiernos y la sociedad civil de los países implicados (Guatemala, Honduras y El Salvador), los países de tránsito y destino (México, Estados Unidos) y por extensión toda América Latina y la comunidad internacional quienes tienen que responder a esta crisis.

¿Cuál es la solución?

Es imperativo que estos niños y jóvenes gocen de protección internacional. ACNUR estima que al menos la mitad de los migrantes centroamericanos en México puede acceder a estatus de refugiado, pero un porcentaje mínimo lo alcanza (BBC). Human Rights Watch argumenta que son las autoridades mexicanas quienes no brindan la información suficiente para que los niños migrantes puedan acceder a asilo. Otros aseguran que, pese a que se les brinda la información, pocos tienen interés en seguir el proceso, ya que su único interés es llegar a Estados Unidos.

De cualquier forma, si solo 52 de los 37,000 menores migrantes detenidos en 2015 recibieron protección internacional (en otras palabras, sólo el 0.14%), es evidente que algo está fallando. La información debe empezar desde los países de origen: debe haber un esfuerzo para concientizar a la población sobre las opciones de protección que poseen y los peligros que enfrentan. La sociedad civil y el gobierno mexicano deben reevaluar sus prácticas actuales para garantizar una protección mayor a los derechos humanos de los menores migrantes. Finalmente, la comunidad internacional debe de incrementar la ayuda que brinda a esta crisis.